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Crisálida

Con un danzar titubeante, el contorno de lo humano se desdibuja, se huye, se emborrona, mutando elásticamente entre imágenes reconocibles y cuerpos por descubrir. Ante nosotros, vemos una humanidad patética en proceso de disolución; acogiendo, no su naturaleza, sino la naturaleza misma, en su condición catastrófica, ocupando lo abierto, lo fértil - deviniendo paisaje.

       

 Ante nosotros se nos presenta, desnuda y árida, la cuenca del río seco, con los restos supervivientes de aquello que durante su historia le fue arrojado, arrastrado, depositado, escondido. Del río y su esplendor sólo queda un poso, un recuerdo, a penas un negativo de algo olvidado que está a punto de desaparecer. ¿Qué podremos salvar de este desierto? ¿Qué podrá salvarse de tal desertización?

 

El poeta judío Paul Celan insistía en la naturaleza dialógica del poema (y por extensión, del arte), afirmando que el poema siempre está viniendo, siempre rumbo hacia algo. «¿Hacia qué?» —se pregunta. «Hacia algo abierto, ocupable, tal vez hacia un Tú asequible».

La pregunta que nos ronda desde el inicio es: qué pasa cuando este Tú no es asequible, sino que más bien se ha secado, se ha olvidado de su capacidad esencial de escucha y acogida.

 

Nos persigue la pregunta sobre cómo ese Tú seco, un Tú quizás colectivo, podría conseguir preparar su mundo para poder acoger no sólo lo conocido, nuestro agotado presente, sino aquello irreconocible que está por venir, por lo que aún no existen nombres ni imágenes.

 

Ni fácil ni poco doloroso nos resulta mirar hacia nuestra patética humanidad olvidada, pero deberemos asumir nuestro desierto elegido, llevarlo más allá de todo cálculo, de toda imagen, y sobre todo, de cualquier facilismo apocalíptico. Al ser humano se le ha concedido el derecho de renacimiento, el derecho de poder sobrevenir su ocaso, de dar vida a su podredumbre y remontar la propia condena.

 

En Crisálida nos encontramos con un imperativo: olvidarse de sí mismos, de nuestro mundo, para poder crear una forma fulgurante. Ante la mirada de un público testigo, crear un espacio heterotópico, interior y exterior, donde poder pensar cómo vivir nuestros cuerpos, cómo recordar lo único que es inmutable en nuestra existencia: la capacidad para generar nuevas formas de vivir apesar de que, racionalmente, culturalmente, parezcan abocadas al más calculable fracaso.

 

Creísteis la caída, mas solo soy su eco

Oriol López

Proyecto co-producido por la sala La Mutant de Valencia, financiado por Creación Injuve 2019 del Instituto de la Juventud de España y por el Institut Valencià de Cultura, creado en residencia en el CDC de los Teatros del Canal y el American Dance festival. 

 

Estrenado el 12 de Abril de 2019 en La Mutant, dentro del marco de la edición 2019 del festival Dansa­-Valencia.

Ficha artística

 

 

Dirección y coreografía: Joaquín Collado

Interpretación: Antes Collado

Ayudante de dramaturgia: Oriol López

Ayuda externa en ensayos: Nico Jongen y Cruz Hernández 

Escenografía: Carmen Triñanes

Coordinador técnico: Michal Budzinski

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